EL BACHE DEL DESEMPLEO
21 agosto, 2018

Según datos de Migraciones, un promedio de 8 mil ciudadanos venezolanos …

Renzo Chavez

DESCONTENTO

Según datos de Migraciones, un promedio de 8 mil ciudadanos venezolanos accede a Perú cada mes en busca de mejores condiciones de vida. Una amplia mayoría de ellos obtiene el Permiso Temporal de Permanencia, requerido para trabajar en empleos formales. Las medidas de acogida del Gobierno, sin embargo, no han sido del todo bienvenidas, creándose una creciente polémica en el sentir popular. Últimamente, es moneda corriente oír comentarios que responsabilizan a la cuantiosa población extranjera de las dificultades que padecemos muchos ciudadanos locales por encontrar trabajo. Se afirma que la economía nacional no está preparada para ‘absorber’ la alta tasa extranjera; incluso se alega que no se debe seguir incentivando la migración a Perú, puesto que aumentaría la informalidad, se promovería la explotación y se estaría privando al peruano de acceso a puestos de trabajo e incluso a servicios sociales de salud y educación que actualmente le son insuficientes.

 

DESVELANDO MITOS

¿Se han agotado los puestos de trabajo? Creer que existe un número fijo de cupos de empleo en el Perú –falacia del ‘trabajo finito’– es ignorar el dinamismo propio del mundo laboral. En mercados de trabajo que están en pleno empleo –señalan peritos del Grupo de Análisis para el Desarrollo (GRADE)– la productividad aumenta cuando el número de operarios crece. Queda claro que, si hemos de hablar de los venezolanos en el Perú, en lugar de sustraer puestos de empleo, al encontrar espacios para insertarse en el mundo laboral dinamizan la economía, aportan nuevas ideas y habilidades, crean nuevos mercados, contribuyen desde su profesionalidad, nos enriquecen con su identidad y valores. Definitivamente, la falta de empleo no puede explicarse por la presencia de competidores extranjeros: al contrario, el país resulta beneficiado con ellos, en la medida en que estos sean competentes y laboren con la formalidad del caso.

 

ALARMAS ENCENDIDAS

¿Cómo explicar el desempleo? ¿A qué se debe y cómo podemos remediarlo? ¿Cómo reaccionar ante este fenómeno social que a todos nos aqueja? Hablar de desempleo es situarnos ante un problema profundo, estructural y globalmente extendido. A nivel global, actualmente 202.5 millones de personas en edad de trabajar (3% del total de los 7.35 billones de habitantes) no cuentan con un empleo, lo cual representa al 5.75% de la población laboralmente activa. Este problema generalizado afecta tanto a países desarrollados como a los emergentes y en vías de desarrollo, en mayor o menor proporción. Según el Informe Anual de la OIT (2018), el desempleo ha aumentado en África del Norte, los Estados Árabes, el Caribe y Latinoamérica, disminuyendo en Europa, América del Norte y el África Subsahariana. Entre aquellos afortunados que sí cuentan con un empleo, 1400 millones (4 de cada 10) trabajan sin garantías ni beneficios sociales (‘trabajadores vulnerables’) o bajo informalidad. En países emergentes y en vías de desarrollo, muchos de ellos, a pesar de laborar, viven en pobreza extrema, ganando menos de 3.10 dólares al día.

Esta es una realidad que, como país, no nos es ajena. De acuerdo al último informe del INEI, la tasa de desempleo ascendió a 8,1% en Lima –la tasa más alta desde el primer trimestre del año 2012–. En comparación con el último trimestre de 2017, 19.800 personas perdieron su trabajo, sumando un total de 420.900 personas desempleadas en la capital peruana (219.600 mujeres y 201.300 varones). Por otro lado, el INEI informó que en toda Lima Metropolitana hubo 4.800.300 personas con empleo entre enero y marzo de este año. Al lado de Buenos Aires, Bogotá y Santiago, sin embargo, la capital peruana tiene aún una tasa de desempleo más baja.

Estas estadísticas se tornan realmente preocupantes cuando examinamos la situación de nuestros jóvenes, tantas veces denominados como el futuro de nuestro país. Al respecto, hace dos años el Instituto de Economía y Desarrollo Empresarial (IEDEP) de la Cámara de Comercio de Lima publicó un informe alarmante, que recogía estadísticas del Banco Mundial, la OIT y el INEI, y estaba titulado: “En Perú más de 1 millón 30 mil de jóvenes [entre 15 y 24 años] ni estudian ni trabajan”. Tal cantidad representaría alrededor del 20% de la población nacional en dicho rango de edad.

Esto es parte –insistimos– de un fenómeno global. Actualmente (2018), existen 71.1 millones de jóvenes desempleados a nivel mundial, lo cual representa un 13% de la población económicamente activa entre 15-24 años. Del total de jóvenes sin empleo, aproximadamente 6 de cada 10 son mujeres –aunque la tendencia se ha reducido a través de los años, pasando de 61.5% a 57.6% entre el 2009 y el 2015, y creciendo las oportunidades para que las jóvenes accedan a educación y puestos de trabajo–. Respecto de los adultos, los jóvenes menores de 25 años cuentan con tres veces menos probabilidades de obtener un trabajo.

 

¿EL BAILE DE LOS QUE SOBRAN?

¿Cifras para deprimirse? Creemos que no. Cifras, sí, para asumir un desafío ante el cual no podemos vendarnos los ojos. Desafío difícil, sí, pero no imposible. ¿Qué podemos hacer al respecto? ¿Bastará quejarnos, llegando incluso a culpar a una nación vecina como Venezuela, la cual en su momento recibió a muchos desempleados peruanos y que, por lo demás, ya viene sufriendo en demasía como para ser víctima de nuestros malos tratos?

Allá por los lejanos años ’80, Los Prisioneros lanzaban al mercado uno de sus más célebres álbumes discográficos: “Pateando piedras”. Eran tiempos de recesión, de amargura y de censura, en un contexto asolado por una dictadura que parecía de nunca acabar. La fuerte crítica social caló hondo en los corazones de la generación de entonces. “¿Por qué no se van, no se van del país?” –se entonaba, en son de protesta–. En otra de sus canciones, “El baile de los que sobran”, se relataba la realidad de todos aquellos jóvenes de corta edad que, egresados de sus respectivos colegios, descubrían que sus posibilidades laborales eran completamente limitadas. O, en palabras del conjunto de rock peruano Río: “Estar en la universidad es una cosa de locos… No logras encontrar trabajo: sirve muy poco ser profesional”.

¿Qué sentido tiene protestar, quejarnos, si no aportamos solución alguna? ¿Debemos contentarnos con esta realidad, aceptándola sin más, cual si no pudiéramos hacer nada al respecto? Ciertamente, “tocar la guitarra todo el día” no basta: queremos soluciones, no problemas. Los jóvenes de estas canciones supieron salir adelante, aun cuando les costó sangre, sudor y lágrimas.

 

EL DESAFÍO DEL EMPLEO JOVEN

“En la primera mitad del año 2011 –escriben Chacaltana y Ruiz en su obra El empleo juvenil en el Perú: diagnóstico y políticas– existían 8,2 millones de jóvenes entre 15 y 29 años, que representaban casi un tercio de la población peruana. Este grupo de jóvenes nació entre las décadas de 1980 y 1990, periodo de crisis social y económica en el país. Sin embargo, su ingreso al mercado laboral se ha producido en la primera década de este siglo, en la que el país ha crecido en promedio a 6% anual, tasa mayor a la del crecimiento poblacional. Este crecimiento indudablemente ha generado empleos, a los cuales han accedido aquellos con las calificaciones y competencias que demandan los sectores económicos en crecimiento”.

Estos mismos autores sostienen, sin embargo, que todavía no se han generado suficientes oportunidades de empleo: el desempleo, la inactividad y la falta de calidad laboral persisten como problemas graves para la juventud que busca trabajo. ¿A qué se debe ello? Hugo Ñopo, del GRADE, insiste en que “la primera debilidad de empleabilidad de los jóvenes no es tanto porque tengan otros ‘competidores’ que les quitan los empleos, sino porque sus habilidades son lamentablemente pobres”. La mayor cantidad de jóvenes que, en cambio, sí logran acceder a un empleo lo logran o porque están altamente calificados (a mayor cantidad de estudios, mayor certeza de empleabilidad) o porque, paradójicamente, están muy poco calificados. Desde luego, de conseguir empleo, contarán con sueldos bajos y carecerán de continuidad y prestaciones sociales.

Que un joven egresado de una carrera académica –sea de Instituto o Universidad– pueda tardar meses e incluso un año entero en encontrar un empleo estable, con perspectiva de crecimiento, con beneficios de ley y en condiciones dignas es, paradójicamente, nuestro pan de cada día. Ante esta realidad, los jóvenes han buscado adaptarse, empezando normalmente con empleos temporales (tienden a la rotación alta a diferencia de los adultos, quienes prolongan cada vez más su edad de jubilación), sin certeza ni garantías de un puesto seguro –los así llamados empleos vulnerables–, y prefieren inclinarse por el sector de servicios (abandonando los sectores agrícola e industrial), donde encuentran una cierta ventaja frente a los adultos gracias a su facilidad para la tecnología. Sí hay oportunidades, aunque sean limitadas: el desafío es encontrarlas y aprovecharlas, desde la realidad de cada uno y con el apoyo de todos.

 

EN BUSCA DE OPORTUNIDADES

“A pesar del crecimiento económico –señala el mencionado informe del IEDEP– alcanzado en la región de 3.7% en los últimos 10 años, aún persisten desafíos por resolver en el ámbito social que han imposibilitado que esta población logre encontrar oportunidades de estudio o posibilidades de insertarse en el mercado laboral”. Ciertamente, tanto una reforma educativa como políticas de Estado que promuevan y garanticen los derechos del trabajador son necesarias. Existe una inmensa multiplicidad de propuestas para fortalecer la inserción de los desempleados en el mercado laboral, sea mediante programas de capacitación como de formación académica o técnica, sea creando oficinas de empleo que informen a los jóvenes de las oportunidades laborales, las demandas de parte de las empresas y los requerimientos que se necesitan, para que se incentiven a capacitarse para conseguir un puesto de trabajo en el sector formal. Las carreras cortas, los cursos virtuales y los trabajos a corto plazo ofrecen también vías alternas interesantes. En un país donde abunda el capital humano, es necesario brindar oportunidades: las incubadoras de proyectos de innovación o start-ups pueden impulsar la creatividad, el apoyo mutuo y la financiación.

 

SORTEANDO EL BACHE

Hasta el año 2016, nuestro país venía realizando loables avances en su lucha por reducir las tasas de desempleo: logramos contraerlas durante 14 trimestres consecutivos, principalmente gracias a un aumento en la inversión privada. Tenemos la capacidad de hacerlo de nuevo.

“Esperemos que este bache esté por culminar. En el lado externo las condiciones son favorables, en el lado interno hay distensión política y se nos viene aceleración del gasto público. Esperemos que ello empiece a reflejarse en mejores cifras del mercado laboral”, refiere Hugo Perea, jefe del BBVA Research Perú. “No va a ser de inmediato. Primero tiene que venir una recuperación de la inversión privada, luego ello se reflejará en más empleo. Impactos más sensibles recién los veríamos en el 2019… No creo que el mayor desempleo esté relacionado a la migración. Son una parte muy pequeña de la fuerza laborar en el Perú”, apuntó.

Perú necesita de la entrega de todos para salir adelante: problemas de gran escala como las altas tasas de desempleo y la consecuente escasez de oportunidades laborales, expandidas a nivel global, necesitan de tiempo y de un gran esfuerzo colectivo. No perdamos la esperanza. Ser más productivo significa hacer más con lo mismo. Unamos fuerzas. Integremos a todos. Perú nos necesita a todos juntos, locales y extranjeros.

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