FLUIR

Jose Luis Villalobos y Renzo Chavez
1 julio, 2019

Desde una óptica fresca, inédita y profunda, Mihaly Csikszentmihalyi– célebre exponente de la Psicología Positiva– ha abordado en las páginas de “Fluir” una de las interrogantes más intrincadas de la historia humana: cómo llegar a ser feliz. Motivado por tan apasionante desafío, el psicólogo croata dedicó veinticinco años de investigación para así idear esta memorable obra.

Tres mil doscientos años atrás –refiere el autor–, Aristóteles declaró con sabiduría una verdad hasta hoy vigente: la felicidad es el fin supremo del ser humano. La salud, la belleza, el dinero y el poder –decía– son solo valiosos en cuanto esperamos de ellos algo más: dicha, contento, gozo. Solo la felicidad, en cambio, es deseada per se:es buscada como un fin en sí mismo y es, en definitiva, el último y más importante motor de nuestras decisiones día a día.

Tal vez, en teoría, todo esto resulte más que evidente, pero en la práctica no lo es. Hoy en día, de hecho, muchas personas sienten que sus vidas son desperdiciadas en un sinnúmero de actividades vanas y carentes de sentido. La ansiedad y el aburrimiento han llegado a ser el pan cotidiano. Quizás hoy gocemos de mejor salud que años atrás; quizás nuestra expectativa de vida sea hoy más alta que nunca; quizás hoy vivamos rodeados de lujos materiales impensados décadas atrás (¡ningún Emperador romano habría podido contar con un smartphone como el que muchos tenemos!): no obstante, a pesar de los múltiples avances científico-tecnológicos, parece ser que aún no hemos logrado descifrar cuál es el caminoperfecto que hemos de recorrer para llegar a ser felices.

Esta situación –sostiene Mihaly– puede y debe ser revertida. Una exposición fundamental de su propuesta se encuentra en el prólogo de su obra, donde expresa que la felicidad no se encuentra en la buena suerte o el azar, ni es algo que se pueda comprar o adquirir con poder: no depende de los acontecimientos externos, sino más bien de cómo interpretamos la realidad frente a nosotros. Según afirma, la felicidad es la condición vital que cada persona debe preparar, cultivar y defender individualmente. El control sobre la propia experiencia interna es lo que más nos acerca a la felicidad ansiada. A partir de este planteamiento, el autor procederá a explicar cómo tiene lugar esta experiencia, esto es, cómo el hombre que busca la felicidad logra alcanzarla en el día a día.

Las investigaciones de “Fluir” se basaron en la experiencia de felicidad reflejada en el disfrute de las actividades de ciertos profesionales: artistas, atletas, músicos, cirujanos, entre otros. Como el violinista al interpretar una pieza, el basquetbolista al tomar el tiro definitivo, el médico al realizar la intervención quirúrgica, la acción aquí realizada tiene una consecuencia valiosa para la persona que la realiza. Personas como estas –considera Mihaly– se involucran de tal manera en la actividad que realizan que pareciera que nada más importase para ellas en este mundo que hacer precisamente aquello que tanto les apasiona.

Cuando una persona se encuentra tan intensamente inmersa en una actividad, ocurre que toda su energía y atención se encuentran perfectamente alineadas y focalizadas en la meta a alcanzar, hasta el punto de sentir que fluye en la devota ejecución de aquella apasionante y plenificante tarea. Lejos de proceder en modo automático, estos seres rebosantes de sentido reconocen en la ejecución de sus quehaceres el cumplimiento activo del propósito que los inspira. Esta condición sería, precisamente, la máxima expresión de estar sintiendo la felicidad.

¿Cómo distinguir a una persona que fluye en sus labores diarias? He aquí algunos de los “síntomas”. Quien fluyese siente conectado con su yo auténtico:percibe el propio “yo natural” irremplazable y aprecia cuán valioso es aquello que puede transmitir y aportar en favor de los demás. Tiene, a su vez, la sensación de estar prosperando y creciendo, desarrollándose integralmente con lo que realiza. Reconoce una mayor facilidad para entender quédebe hacer, así como para idear con creatividad los cómo. Se descubre capaz de responder con resiliencia y flexibilidad ante los desafíos y adversidades del camino. En pocas palabras, vive una curiosa y poco frecuente mixtura de sumo deleite y óptimo rendimiento en la realización de sus faenas.

La dinámica de fluir puede también ser participativa, ocurriendo en el encuentro de personas comprometidas en el desarrollo de metas comunes. Esto es visible, por ejemplo, en equipos de alto rendimiento, llámese ciertos clubes deportivos y elencos artísticos. En ellos, el “todo” es un equilibrio vivo de piezas genialmente articuladas, donde cada cual ocupa sulugar (que pareciera “hecho a su medida”) y, desde allí, colabora en la óptima ejecución de metas imposibles de acometer por cuenta propia.

Un equipo que fluye conoce a profundidad la motivación de sus miembros en el desempeño de las actividades compartidas, y puede así potenciar al máximo el rendimiento individual y colectivo. Del mismo modo, promociona una armónica compenetración de los individuos mediante la gestión de la química de las relaciones interpersonales, la diversidad de fortalezas y talentos, y la renovada motivación hacia el propósito común. El resultado: la orquestación de una verdadera sinfonía, un espectáculo artístico sin par.

En conclusión, en la medida en que exista una profunda consonancia entre mi yo profundo y el rol que asumo en mi vida profesional, esto es, las actividades cotidianas en la que dedico lo mejor de mí, estaré logrando tanto la feliz experiencia de vivir fluyendo como los más altos resultados a título individual como colectivo. Más aún, mayor será la felicidad de mis acciones, en cuanto compartidascon los demás, si estas son dirigidas y ofrecidas a las personas, a fin de trascender la misma “satisfacción del hacer” por una más alta motivación del “dejar huella en alguien”. Esto añadirá un mayor propósito a nuestras vidas y un exponencial valor a nuestras acciones, conduciéndonos, ciertamente, a una felicidad aún más perfecta.

CSIKSZENTMIHALYI, M. (2008). Flow: the psychology of optimal experience. New York, USA: Harper Perennial.

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