MILLENNIALS: GENERACIÓN PUENTE

Renzo Chavez
16 noviembre, 2018

DEJÉMONOS DE PAÑOS FRÍOS

A pesar de su creciente presencia numérica en el mercado laboral, los millennials siguen siendo los grandes incomprendidos en el entorno de trabajo. Se dice de ellos que son engreídos, que esperan gratificaciones y ascensos solo por presentarse, que no trabajan duro, que son incapaces para terminar cuanto empiezan, que son incluso informales e irrespetuosos en el trato. No cabe duda que el sinnúmero de quejas manifiesta el verdadero y persistente dolor de cabeza que estas generaciones menores representan para un importante sector del empresariado (por lo general, directivos de la Generación X y Baby Boomers).

Es increíble cómo, quince años después de su inserción en el sector organizacional, la presencia de millennials en la oficina continúa siendo un verdadero desafío para la convivencia entre colegas. Hacer caso omiso a esta realidad (poniendo paños fríos, pero sin limar las asperezas) es un sinsentido, mucho más si consideramos que los centennials –la siguiente generación– están por culminar sus estudios y pronto ingresarán a planilla. Si no entendemos a sus predecesores, ¿cómo podremos lidiar con una generación que ignora qué es vivir sin Internet?

Por supuesto, muchos de los mitos mencionados –tal y como nos lo dice la lógica, e innumerables publicaciones no se han cansado de constatar– no son del todo ciertos. Los millennials, al igual que cualquier generación, simplemente son distintos: aprenden distinto, piensan distinto, trabajan distinto y tienen distintas motivaciones. Aceptar este presupuesto es el primer paso para comprenderlos. Y no comprenderlos, lamentablemente, es una bomba de tiempo que pone en riesgo –quizás a mediano y largo plazo– la sostenibilidad de las empresas.

 

LA OTRA CARA DE LA MONEDA

Mucho se dice de los Millennials. Que son ineficientes, que son improductivos, que son, por naturaleza, saltamontes de trabajos –en referencia a las altas tasas de rotación laboral–. ¿Nos hemos preocupado, sin embargo, en preguntarles a ellos mismos quiénes son y cómo se ven? ¿Están de acuerdo con lo que se dice de su generación? ¿Cuáles son sus valores, sus principales motivaciones, los criterios bajo los cuáles actúan?

“Los Millennials crecieron en un ecosistema muy diferente al de sus padres y abuelos. No solo rodeados sino también ayudados por tecnologías, avances y ventajas que la modernidad trajo al entretenimiento, la educación y la comunicación. Comparten muchos rasgos y características que sus colegas mayores no entienden ni aprecian”. Resumimos, a continuación, los principales rasgos de cómo se percibe a sí misma esta generación, según lo expuesto por Lee Caraher en su obra Millennials en la Oficina (2014).

Los Millennials quieren sentirse importantes. Buscan un trabajo significativo, donde puedan marcar la diferencia, alterar el statu quo, hacer del mundo un lugar mejor. Desean participar, ser siempre escuchados y tomados en serio, aunque sus propuestas no lleguen a ser incorporadas. Consideran importante formar parte de un gran equipo de trabajo, donde sintonicen y se sientan a gusto, donde exista un clima laboral sano y amigable.

Los Millennials quieren un diálogo constante. Consideran importante el aprecio y reconocimiento por sus contribuciones. Procuran recibir retroalimentación positiva y críticas constructivas frente a su desempeño. Necesitan conocer con claridad las expectativas de sus supervisores o directivos y se sienten a gusto manteniendo relaciones de transparencia. Desean tener acceso horizontal hacia cualquier miembro de la empresa, incluida la alta gerencia.

Los Millennials quieren oportunidades. Entienden el valor de un mentor fuerte y con experiencia, que les enseñe, eche una mano y ayude a abrir puertas. No aspiran a permanecer de por vida en una compañía: desean hacer carrera, construir una trayectoria, ascender salarialmente e incluso emprender negocios propios. Valoran cambiar de trabajo constantemente y en diferentes rubros, a fin de adquirir capacidades diversas y obtener experiencia laboral holística.

Los Millennials quieren una integración entre vida personal y profesional. Piden un equilibrio vida-trabajo desde el comienzo de sus carreras. Quieren disfrutar trabajando. Esperan contar con libertad y flexibilidad suficientes para disponer de su propio horario y lugar de trabajo, siempre y cuando cumplan un mínimo de estándares y sostengan la productividad. Se sienten dispuestos a renunciar a puestos laborales de mejor paga siempre y cuando ello signifique mayor tiempo para dedicarse a sí (deportes, pasatiempos, artes) o a sus seres queridos (viajar, pasar tiempo en casa), así como para ayudar a los demás (participar de un voluntariado u ONG).

 

SINERGIA ENTRE GENERACIONES

“Si quieres llegar rápido, camina solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”, afirma un célebre proverbio africano. Si queremos construir a largo plazo, si queremos legar un futuro verdaderamente sostenible para nuestros hijos y nietos, tender puentes entre generaciones no es solo una feliz posibilidad: es casi un imperativo.

“Todos podemos trabajar juntos, ¡Lo prometo! Las personas y compañías que descubran esto tendrán una ventaja estratégica sobre los que siguen dormidos en sus laureles… Si podemos unir la brecha entre generaciones en la oficina y traer nuestras fortalezas a la mesa, seremos capaces de crear negocios positivos y listos para afrontar el futuro en el que Boomers ,Generación y Millennials puedan prosperar juntos” (Caraher, 2014).

Crear sinergia entre generaciones tan disímiles no es para nada sencillo. He aquí el rol protagónico que habrá de asumir la generación Millennialen un futuro cercano –más pronto, quizás, de lo que pensamos–. Los Millennials están llamados a ser aquella generación puente, vínculo tan necesario entre la era pre-Internet y los nativos digitales. ¿Serán capaces? ¿Cómo saberlo si no los empoderamos? Las start-ups son, tal vez, uno de los más claros ejemplos del inmenso potencial de una empresa liderada, diseñada y pensada por Millennials. Creo sinceramente –con sustento en la realidad– que nos llevaríamos más de una grata sorpresa si así lo hiciésemos.

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