OPERACIÓN ECO-CONCIENCIA

Renzo Chavez
11 diciembre, 2018

EL PLANETA PRIMERO

Con 96 votos a favor y apenas 2 abstenciones, la reciente promulgación de la ley que establece el marco regulatorio sobre el plástico de un solo uso, otros no reutilizables y los recipientes descartables de poliestireno expandido supone un significativo avance en la lucha contra la contaminación ambiental. Tras conocerse el apabullante resultado de la votación, en un clima de visible celebración, Fabiola Muñoz –titular del Ministerio de Ambiente– acertó en referir: “Ha ganado el Perú. Acá no hay diferencias políticas. Estamos pensando en el Perú primero”.

El progresivo adiós a las bolsas plásticas, sorbetes y envases de tecnopor es condición indispensable para emprender una reforma ecológica sostenible en el tiempo. Ciertamente, esta no se dará de la noche a la mañana: junto con los esfuerzos en el ámbito legal, hace falta que todos y cada uno de nosotros cambiemos algunos de nuestros hábitos, apostando por adoptar alternativas eco-amigables. Llevar bolsas de tela al supermercado, comprar pañales reciclables para el bebé o contar siempre con un toma-todo para mantenerse hidratado son excelentes maneras de evitar el uso excesivo del plástico.

La aprobación de la normativa en cuestión forma parte de una tendencia global por erradicar el uso innecesario de este recurso, promoviendo un mayor cuidado de nuestro planeta. En este contexto, a fines del pasado mes de octubre, más de 250 compañías se reunieron en Indonesia para firmar el Compromiso Global por la Nueva Economía de los Plásticos.Reconociendo que la crisis de los plásticos solo se puede resolver con los esfuerzos combinados de todos los actores clave del sistema, esta iniciativa logró reunir a grandes firmas, tales como H&M, Unilever, PepsiCo, L’Oreal, The Coca Cola Company, Carrefour, Natura, Colgate-Palmolive, HP, Johnson & Johnson, Kellogg’s, Nestlé, Philips, Walmart; a organizaciones no-gubernamentales de gran escala, como WWF; y a diversas entidades de gobierno, entre ellas el Ministerio de Ambiente del Perú.

 

DESCARTEMOS EL DESCARTE

Hoy arremetemos contra el plástico, mañana probablemente lo haremos contra el litio y en algunos años rechazaremos algún otro recurso de uso masivo. La verdadera amenaza, sin embargo, no radica en el plástico per sé en cuanto recurso no-renovable, sino –como venimos insistiendo– en la mentalidad de un solo uso que nos lleva a hincarnos de hombros ante los efectos de su empleo indiscriminado e inconsciente para los seres humanos y para la totalidad de nuestro ecosistema. Dicho esto, es evidente que seríaun verdadero despropósito declarar la guerra al plástico, cual si fuese nuestro único y más grande enemigo en contra de los esfuerzos por cuidar del planeta que todos habitamos.

Al respecto,William MacAskillargumenta en Doing Good Betterque, si desterrásemos por completo el plástico de nuestras vidas, habríamos solo reducido el 0.4% de las emisiones de carbono. Y si desapareciésemos del mapa los sorbetes, habríamos apenas contribuido en eliminar el 0.03% del desecho plástico que contamina nuestros océanos, atentando contra la salubridad del agua y barriendo con numerosas especies marítimas. En pocas palabras, estaríamos realizando esfuerzos realmente loables, pero nuestros resultados serían limitados y, por lo demás, insuficientes.

Siguiendo una línea argumentativa parecida, Deniz Gülzöken, en una columna publicada en Forbes, plantea que liberarnos completamente del plástico no constituye de ningún modo la solución más inteligente para preservar nuestro planeta. De acuerdo a la autora, hacerlo de pronto podría generar incluso un efecto búmeran, generando un daño colateral severo. Bajo esta premisa, el plástico está llamado a ser nuestro aliado y no nuestro adversario. En lugar de darle un solo uso y eliminarlo de inmediato, es más inteligente valorar sus bondades –alto peso molecular, baja densidad, alta resistencia a la corrosión y baja conductividad térmica y eléctrica– y diseñar con creatividad nuevas maneras de emplearlo.

Requerimos de propuestas concretas que garanticen una innovación verdaderamente disruptiva que nos ayude a mirar el problema ecológico con otros ojos, rompiendo con los paradigmas vigentes y revolucionando la manera como cuidamos nuestro planeta. Reparar el daño ambiental que hoy generamos es solo el primer paso: necesitamos prevenir la amplia gama de fenómenos que, de seguir el curso de las cosas, habrán de surgir en los siguientes años, a fin de ir co-creando una cultura eco-consciente y verdaderamente sostenible.

 

COMPROMISO DE TODOS

Si queremos abordar el problema ecológico desde su raíz, debemos superar –según propone Otto Scharmer– la actual desconexión que existe entre el ser humano y la naturaleza, pasando de la auto-referencialidad del ego a una conciencia eco-sistémica.Solo entonces podremos remediar sus múltiples síntomas, llámese: las islas de basura que flotan en nuestros océanos; las miles de hectáreas que la tala indiscriminada ha robado a nuestra Amazonía; las densas nubes de polución que cubren nuestras ciudades; los ríos y lagunas de mercurio causados por la minería ilegal.

“Sabemos que sacar los plásticos de nuestras playas y océanos es vital, pero esto no impide que una marea de plásticos siga ingresando cada año a los océanos. Necesitamos frenar la contaminación desde su fuente”, afirma Dame Ellen MacArthur, directora de la Fundación que lleva su nombre. “Tenemos que lograr un cambio de chip en la industria de plásticos” –ha apuntado, en este mismo espíritu, la mencionada titular del MINAM.

Para hacer realidad este propósito, el Compromiso Global por la Nueva Economía de los Plásticosofrece una hoja de ruta, una agenda a seguir para que las empresas, los gobiernos y otras organizaciones a lo largo del mundo entero puedan avanzar unidos a favor de la instauración de una cultura ecológica. Este es solo un paso en lo que será una travesía difícil pero capaz de generar enormes beneficios para la sociedad, la economía y el medio ambiente.

En el corazón del Compromiso Globalse encuentra la visión de una economía circular,donde los plásticos nunca se conviertan en desechos. Entre los objetivos acordados, se prioriza:

  • Eliminar los empaques plásticos problemáticos o innecesarios y sustituir los modelos de empaques desechables con otros reutilizables.
  • Innovar para garantizar que 100% del embalaje de plástico se pueda reutilizar, reciclar o compostar de forma fácil y segura para 2025.
  • Aumentar significativamente las cantidades de plásticos reutilizados y convertidos en nuevos empaques o bienes para circular el plástico que ya se ha producido.

 

CONCLUSIÓN

Ante el riesgo de considerar el cuidado de nuestra Tierra como una mera moda del siglo XXI, como una simple estrategia de marketing,como un asunto de hashtags y trending topics, necesitamos asumir un compromiso firme y convencido por una reforma ecológica profunda y sostenible. En el esfuerzo por abandonar el single-use mindset que domina nuestra civilización del descarte, la aprobación de la normativa que regula el uso del plástico y adopción de buenas prácticas eco-amigables son pasos de vital importancia. Del mismo modo, el diseño de propuestas innovadoras disruptivas, unida a los esfuerzos globales por implementar el Compromiso Global por la Nueva Economía de los Plásticos, constituyen el camino correcto para co-crear juntos una cultura eco-consciente.

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