TEAMING

Renzo Chavez
3 octubre, 2019
EDMONDSON, A. (2013).Teaming to innovate. San Francisco: Jossey-Bass.

 

Si quieres que algo salga bien, hazlo tú mismo.

 

¿Cuántas veces no hemos escuchado e incluso repetido aquella frase? ¿Quién nunca, sintiéndose saturado de pendientes, corto de tiempo y exigido de resultados, ha optado por apartarse de todos y trabajar por cuenta propia, confiado en que esta es la mejor manera de alcanzar nuestro máximo rendimiento? Esta fórmula, eficaz para las pequeñas tareas del día a día, ciertamente no basta en términos de empresa, donde, si queremos lograr grandes objetivos, no necesitamos súper-individuossino co-laboradores, hombres y mujeres que, bregando esforzadamente y en conjunto hacia el mismo horizonte, surfeenolas imposibles incluso para el más dotado individuo.

En el marco de una cultura dominada por el “aislacionismo funcional”, Amy Edmondson nos ofrece un nuevo marco de trabajo para re-aprender el arte de colaborar. Según considera la autora de “Teaming”, hoy los equipos no pueden seguir siendo pensados como sustantivos(teams), esto es, como conjuntos estables de personas dirigidas por un líder hacia una meta común. Debemos abordarlos, más bien, como verbos (¡He ahí el título de la obra!), a saber, como equipos de trabajo multidisciplinarios, versátiles y altamente dinámicos, en plena concordancia con las tendencias y características de nuestro tiempo.

Construir equipo es un arte. Exige tiempo, dedicación y la mejor disposición de cada una de las partes, pero, sobre todo, demanda un know-howque nos permita sortear las frecuentes “disfunciones”, presentes hasta en las mejores familias. Cualquier aficionado del deporte sabe que no basta con agrupar a las más talentosas estrellas bajo los colores de una camiseta. Si cada cual brilla cual “llanero solitario”, opacándose los unos a los otros, el conjunto de astros nunca logrará esplender como “galaxia”. Los equipos de alto rendimiento son aquellos que logran hilvanar las fortalezas, complejidades y singularidades de cada miembro, potenciando al máximo el rendimiento de cada cual y creando, al mismo tiempo, un armónico “tangrama”, un “todo mayor a la suma de las partes”, con identidad y luz propia.

“Teaming” fomenta la promoción de una cultura de sinergia, armonía y complementariedad, por medio del diseño e implementación de políticas para el fortalecimiento del trabajo colaborativo institucional. El meritorio aporte de Amy Edmondson radica en la confección de una metodología de aplicación práctica, que posibilita la permanente alineación de los miembros del equipo en un contexto volátil, ágil y disruptivo. Bajo la premisa del aprendizaje continuo como proceso activo de las organizaciones, la autora ha apostado por una estructura cíclica, compuesta de cinco pasos y detallada a continuación.

  1. Apunta alto. El primer paso en todo equipo de trabajo es el establecimiento de un propósito inspirador y significativo, que conecte con las motivaciones profundas de las personas. A mayor “altura” del norte, mayor será el magnetismo que ejerza, tanto para atraer a los individuos indicados como para cohesionar internamente el grupo. Más allá de los obstáculos e incertidumbres del camino, un equipo convencido del trascendente valor de su aporte aúna fuerzas y da siempre lo mejor de sí para alcanzar la meta común.
  2. Forma equipo. En un mundo complejo y diverso, precisamos de equipos de la misma naturaleza: poliédricos y adaptativos, constituidos por personas de distintos contextos, rubros, generaciones y experiencias. Frente a la tendencia a enclaustrarse cada cual en su propio cubículo, la metodología Teaming nos insta a traspasar las fronteras naturales que nos distancian y descubrir el alto valor de la pluralidad como fuente de cohesión. Las posibles fricciones y colisiones son estimadas y aprovechadas como fuente de vitalidad y creatividad, como cuna de posibilidades y no como nido de conflictos.
  3. Fracasa bien. Frente a una cultura de censura al error, los equipos de alto rendimiento no se dejan amilanar e invierten su tiempo, por el contrario, en la promoción de climas de confianza, empoderamiento y aprendizaje continuo. Bajo la premisa de que solo experimentando se aprende, fallar pronto, temprano e inteligentemente es tenido como prioridad por los miembros del grupo, quienes prefieren mil veces incubar potenciales ideas innovadoras en escenarios seguros, antes que instalarse en elstatus quo.
  4. Aprende rápido. En el marco de un mercado híper competitivo, donde el tiempo es oro y la permanente innovación es condición de éxito, los equipos de hoy logran diferenciarse cada vez que privilegian los espacios de reflexión crítica y retroalimentación horizontal, por encima de las constantes urgencias. Un equipo que se conoce a sí mismo y aprende con celeridad de sus aciertos y errores entiende hacia dónde debe navegar, descubre cómo aprovechar sus potencialidades, reconoce sus necesidades y carencias, y asimila cada cuánto precisa volver a puerto, para renovarse y reenfocar la mirada en el norte inspirador que permanentemente lo motiva.
  5. La práctica hace al maestro. Para constituir equipos de ensueño, capaces de logros significativos, trascendentes y exponenciales, uno debe repetir una y otra vez el ciclo propuesto, aprendiendo sobre la marcha e integrando cada experiencia como un hito determinante en el largo trayecto hacia la meta común.

“Quien camina solo, llega rápido; pero quien camina acompañado, llega lejos”.

Este milenario proverbio africano nos recuerda el alto valor de la cooperatividad en un mundo como el nuestro. Porque, cuando trabajamos hombro a hombro, podemos cruzar horizontes mucho más grandes que los que alcanzaríamos por separado.

 

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